¿Te has percatado que la mayoría de las veces, las influencias externas dominan tu 

vida? Alguien o algo nos ofende, entonces una ola gigante se levanta a manera de un 

gran perturbador. (He sucumbido vez tras vez).  

¿Qué hacer entonces? Conectarnos con la riqueza interior, con el espíritu estable que yace en ti. Recuerdas que cuando eras niño/a dormías, jugabas, realizabas actividades con mucha alegría y gozo. Esa percepción daba lugar a tu paz interior.   

Por lo tanto significa que cada uno de nosotros somos capaces de sostener nuestro equilibrio, independientemente de lo que diga, susurren o hagan los demás, porque ya tienes esos aprendizajes, a manera de redes neuronales.  

Fundamental es considerar la manera cómo hablamos y cómo guardar silencio.  


En un alto porcentaje, la necesidad constante de hablar, de mostrar a todos los “secretos” que , tenemos, es una muestra indudable de un espíritu inestable. Guardar silencio en situaciones perturbadoras, otorga a tu interior la fortaleza de ganar sabiduría.  

Tienes, igual que yo, la posibilidad cierta de crear una estabilidad interna cuando lo precises. Dicho en otras palabras, implica entrenarnos para no hablar ni reaccionar impulsivamente.  

Es tu riqueza interior, la fuente de la que puedes beber, para afrontar esas olas perturbadoras. Si…, si están allí. Pero tu estás aquí. Lo que tienes en tus manos es la fortaleza de un corazón apacible. Lo que tienes es una mirada limpia y emociones definidas para vivir sana y equilibradamente.  

Las personas que “cuentan” con facilidad a otros lo que oyeron, vieron o sintieron, se asemejan a nadadores que se hundieron aferrados a una pequeña tabla. Pronto se disparan nuevamente a la superficie y no descansan hasta que no revelan a alguien lo vivido.  

Más aún, es lamentable cuando se riega como agua, una experiencia desagradable a los cuatro vientos. ¿Qué pasará con el agua arrojada? En primer lugar, al ser bebida por la tierra, no podrá ser recogida.  

Luego, depende de la tierra donde caiga, si será útil. Piensa en un momento, si la tierra está árida, la beberá en un instante. Si es un cieno, se perderá en las miles de gotas que saturan la superficie.   

De allí lo sabio de guardar silencio.  

Desde la Programación Neurolingüística, acallar los discursos que elabora la mente es parte esencial de una vida saludable. Sobretodo cuando a tempranas edades, reconocen su influencia.

 

 

 

Si tu querido lector o lectora, te dices: – Tengo ya bastante edad- No temas, puedes transformar de hecho tus diálogos internos para bien.  

Tomemos un caso. Carolina es una madre de una adolescente que buscó mi ayuda para “sobrellevar” su relación. Madre soltera luchaba a diario con las gigantescas olas que emitía su hija. Definitivamente, confesaba, estoy seriamente perturbada. Gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas y el pecho se agitaba constantemente.  

Tomar consciencia de la experiencia, es primordial; Carolina aprendió con facilidad a “ver” la escena. Añadió otros elementos como el sonido tanto de sus palabras como las dichas por su hija. Luego volver a visualizar la escena, contribuye a “notar” otros elementos, que en primer momento, no los tomó  en cuenta -y que son precisamente los perturbadores-  

Vino entonces la parte fundamental. Se preguntó con sinceridad, ¿Qué aprendizaje hago de esta situación? ¿Qué obtengo de ganancia, qué de pérdida? ¿Vale la pena retenerla?  

Responder la trasladó a un aquí y ahora muy significativo.  

Ella misma, al dar respuesta inmediata, descubrió que tenía recursos maravillosos para actuar de manera diferente.  

Carolina puso corazón en su aprendizaje. Comprendió que debía ir más allá, esto es APREHENDER  y TRANSFORMAR  sus vivencias. Al cabo de algunas semanas, llegaron a mi casa, dos alegres y optimistas mujeres.   

Te recuerdo que cada uno de nosotros somos creadoresde las experiencias que llamamos realidades.  

Maguita 

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