Imagina este escenario. 

Una persona muy cerca de ti, tiene una creencia muy profunda y errónea, que la lleva a vivir en una falsa imagen de la realidad, en conflicto, en sufrimiento, etc. 

Quieres darle una mano, porque te duele su dolor, y más, te apena que sea la misma persona la que participa en su quebranto. 

Entonces de pronto “sabes, o intuyes” que él o ella, deje de lado su peculiar forma de pensar, de mantener “su construcción de la realidad” que lo mantiene atrapado.  

Dolorosamente comprendes que él/ella, defiende, lucha con desespero para sostener lo que considera “su realidad” Es más, siente vergüenza, precisamente porque ingresaste a su intimidad. 

Tal vez ya te diste cuenta de que te será difícil ayudarle a cambiar de creencia y por tanto a ser libre.  

Esta escena fue mía, por muchos años. Algunas personas intentaron “ayudarme” pero fue en vano. Porque ser socio en mi liberación y fortalecimiento se presentaba como una tarea inmensa y destinada al fracaso, particularmente por la forma en que me esforzaba por mantener mi creencia. No distinguía que era la zona de comodidad que yo al construirla también la amaba. 

Si alguien se oponía abiertamente a esa creencia, yo me aferrará aún más a ella. Era indudablemente “mi verdad”  

Si alguien tuvo la osadía de manifestar su oposición, aunque fuera levemente, se encendía, acritud, era ruda. Me agobiaba culpas imaginarias, pesadez. Por lo tanto, dejaba de hablar.  

¿Qué hacer? 

Puede parecer un tanto religioso, pero en el fondo de mi persona, hay un latir que me lleva a buscar mi identidad en la presencia del Creador. De hecho, en momentos muy oscuros, junto con mis lágrimas, surgía un lamento por respuesta a mi dolor. Cuando tomé consciencia del daño causando, no sólo en mi, sino también en mis seres amados y cercanos, me asusté. 

 

 Debió pasar años para tomar una decisión en firme. Comprendí al fin, que tenía una matriz original, saludable, alegre, equilibrada. Fui descubriendo que era preciso, re-veer esas creencias porque me limitaban y dolían. Tomé consciencia de mi situación y de la urgencia de cambio radical.  

Esa fue la primera transformación en mi nuevo escenario. La Programación Neurolingüística me dio herramientas que comencé a probar, una vez y otra. Mi mente aprendió esos recursos y al tener información relevante, ocurrió el esperado cambio.  

Una cosa es conocer por teoría, otra diferente, experimentar. Personalmente considero que la PNL, está desde siempre. Leyendo diferentes versiones de la Biblia, no hay duda alguna. 

  1. Bandler y J. Grinder, en compañía de otros destacados observadores de la conducta humana, tuvieron el encanto de sistematizarla.

 

Qué bueno es comparar a la PNL como un virtual sistema de Proceso de Cambio. 

Cuando me di cuenta que el uso de mis sentidos a través de la percepción del mundo que me rodea, ingresa datos a mi Hardware, basado en las experiencias sensoriales. 

Estos datos o información van a seguir una línea de construcción  dentro de mi cerebro, como ser:  procesamiento, almacenaje y la relevante actualización; todo esto dando origen a mi software, comprendí que las respuestas, tanto en el ambiente como interiores, me llevarían a una toma de decisiones.   

Vaya entonces, que mi VERGÜENZA, ¡fue trasformada en victoria! 

Simplemente porque YO TOMO MIS DECISIONES.   

Cada vez que levanto mis ojos y contemplo con admiración las hermosas montañas de mi país. Cada vez que puedo sentir la frescura de un pequeño riachuelo, bajo mis pies. O la fragancia de una flor silvestre entre las ramas de un arbusto en los pajonales… me pregunto: ¿sienten vergüenza ellos? Definitivamente NO.  

Y allí estiba el lío que yo me impuse años atrás. Cada vez que lo recuerdo, suspiro. Doy gracias a la vida que me permitió amigos sinceros.   

Entonces, ese dolor que sentí, fue ocasionado por la mala información que ingresó a mi Hardware.   Posiblemente no me di tiempo para discriminar cada dato o simplemente me abrumaba las creencias que fueron “implantadas en mi mente” producto de los imaginarios colectivos de mi cultura.  

¿Quién me había dicho palabras, que al recordarlas eran referentes sustanciales para mi vergüenza?  

Primó un elemento en deshacer mi conducta vergonzosa. La convicción de que tengo un propósito de vida. Propósito que marca mis actividades actuales. Compartir con otras mujeres y también hombres, la certeza de vivir feliz.  


Y este propósito, tiene una fuente inefable, mi Espiritualidad. Por lo tanto, hoy cuando levanto mis ojos en noches estrelladas, siento esa conexión infinita. Estoy unida a cada persona y ser que no solo habita en la Tierra, sino que me uno al concierto de la energía Multi-Universal. 
 

¿Qué te parece? yo caminé por un sendero con mi vergüenza a cuestas. Hoy es un camino que no se puede distinguir, así como hacen un nuevo trazado a una vieja carretera.  

 Te invito a comentar mi artículo. De hecho, tu opinión, es valiosa. Podemos abrir nuevos caminos

Maguita 

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