Es muy popular el aforismo atribuido mayormente a Sócrates “Conócete a ti mismo” que en griego clásico es γνῶθι σεαυτόν o gnóthi seautón.
Estaba escrito en el pronaos del templo de Apolo, en la ciudad de Delfos.

Este aforismo entraña el inicio de cualquier camino de sabiduría. 
Y por supuesto que es la cuestión más importante de cada uno de nosotros. Únicamente que al hacer la pregunta ¿Quién soy yo? Nos enfrentamos cara a cara, con una pregunta de enormes proporciones.

 

Al responder la pregunta, necesitas hacer un alto, para con honestidad dar respuesta fiel. Por lo tanto, debes conocerte de la A a la Z, para hacerlo.

Innumerables veces he hecho esta pregunta y la verdad, casi nunca he respondido a satisfacción. Simplemente porque una cosa es describirme: soy mujer, tengo 73 años, vivo en Ecuador, etc. Asunto diferente es entender cabalmente quién soy.

Lo paradójico es que conozco de muchas cosas, conocimientos que a lo largo de mi vida he acumulado. Sin embargo, nada de ello ha servido para responder a mi pregunta.

Al estudiar y aprender de PNL un nuevo campo se fue abriendo en mi interior que trajo algo de luz en mi “entenderme” Fue y sigue siendo agradable –muchas veces inusitado- descubrir detalles de mi persona en relación a varios ámbitos de mis acciones. A este nuevo entendimiento lo llamo auto-observación.


Al estudiar y aprender de PNL un nuevo campo se fue abriendo en mi interior que trajo algo de luz en mi “entenderme” Fue y sigue siendo agradable –muchas veces inusitado- descubrir detalles de mi persona en relación a varios ámbitos de mis acciones. A este nuevo entendimiento lo llamo auto-observación.

Te comparto que es precioso, cómo voy teniendo una silueta más fidedigna de una auténtica Magui. Te cuento por qué.

Estoy aprendiendo a ser más consciente de cada una de mis reacciones. Por ejemplo, si alguien me habla… no sólo que entiendo sus palabras, sino que también observo la manera cómo lo dice, los gestos que usa, el tono de voz que emplea, etc. 

Esta observación va en doble dirección, porque a la vez me observo la manera como contesto: si uso palabras que despiertan emociones en mi interlocutor o si mis palabras se “salen de contexto”. 

También soy capaz de sentir con más claridad su tono de voz y hacer eco del mismo, para situarme en su posición o utilizar otro tono de voz, precisamente para que mis palabras lleguen a sus necesidades. Esto es “hablar en su mismo idioma”

No todo lo que digo, es perfectamente asimilado. ¿Por qué se produce este efecto? Porque en gran medida el tono que empleo puede distorsionar el mensaje.

Te pongo un ejemplo: Un chico llega tarde a su casa, su padre puede preguntar: ¿de dónde vienes?

La respuesta del chico estará condicionada a lo que él perciba, a la interpretación que él haga de ese tomo en particular que usa su padre.

Puede interpretar: me está preguntado… me está averiguando… sospecha de mi.  Por lo tanto, puede dar respuesta de forma amable, aireado o enojado.

Cuanta necesidad tenemos de prestar atención a este aspecto de la tonalidad de la voz. Puede ser un punto a nuestro favor o en contra.

He aprendido también a “reflejar” la posición del cuerpo, para engancharlo; de ese modo estoy en posibilidad de ser más asertiva y de hecho serle más útil.

Como en el caso anterior, unido a la tonalidad de la voz empleado por el padre, se dispara sus gestos o simplemente la postura de su cuerpo. Si su voz está calmada y sus brazos reposan a los lados de su cuerpo, el mensaje es de confianza.

Por lo contrario, si su voz es un tanto calmada, y sus brazos se agitan con vehemencia, o se inclina mucho más hacia el hijo, él puede sentirse “invadido” por lo tanto su reacción será violenta.

¿Conoces cómo enriquecer tu ser, tu “yo”? Sigue prestando tu atención a más post, como éste. A pesar de los años vividos, quiero ser una “MEJOR YO”

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